Primera Cita.

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Primera Cita.

Mensaje  Admin el Mar Abr 06, 2010 12:02 pm

Todavía no lo conocía, nunca lo había visto, pero recordaba su voz al otro lado del teléfono. Tan viril y seductora que despertaba mi imaginación, y ese toque picante que hacía que un escalofrío recorriera mi cuerpo hasta erizarme la piel.
Esta noche sería nuestra primera cita. Llevaba casi dos horas delante del espejo intentando decidir que ponerme, pero parecía que nada me quedaba bien. Estaba frente a mi última opción. Un sensual vestido negro, con un generoso escote y la espalda descubierta. Siempre había sido mi favorito. Me hacía sentir sexy. Decidí que esta noche sería mi cómplice. Como complemento, unos tacones de escándalo que hacían lucir mis piernas más de lo habitual. Si, aunque mis pechos no era excesivamente grandes, sabía que con mis piernas atraía la mirada de casi una sala llena de hombres. Conocía bien mis cartas, y esta noche, estaba dispuesta a hacer de ellas mi mejor mano.
Por fin terminé de arreglarme, me puse mi perfume favorito en las zonas habituales; el cuello (justo detrás de las orejas), el escote, las muñecas y la parte interior de los muslos. Miré el reloj, empezaba a hacerse tarde.
Rápidamente bajé en busca de un taxi. Me invadía una mezcla de sentimientos entre los que lograba distinguir el miedo, los nervios y la excitación.
- Señorita, hemos llegado. Son 14,50.
Le pagué, le dí las gracias y salí del taxi cerrando la puerta con suavidad. Me paré un momento. Sólo tenía que cruzar la puerta del local que tenía frente a mi, y ahí estaría él, el hombre que durante meses había despertado en mi un nuevo deseo.
Traté de tranquilizarme. Levanté la cabeza y empecé a andar hacia mi destino. Abrí la puerta. Sentía que el corazón se me aceleraba. Le buscaba con la mirada mientras el maître me preguntaba si tenía reserva. Di su nombre, y me confirmó que me estaba esperando. A su señal, comencé a caminar tras del maître hacia mi mesa.
Al fondo del salón, en una esquina bastante íntima, estaba él. Le reconocí al instante. Le había imaginado muchas veces a través del hilo telefónico y he de confesar que no me decepcionó. Se levantó al verme y rápidamente se dirigió hacia mí. Le dio las gracias al hombre que me acompañaba el cual captó la indirecta y se retiró discretamente.
Me miró. Su sonrisa era radiante. Al acercarse a darme un beso se inclinó para susurrarme al oído que estaba preciosa. Esa voz, su voz, nuevamente despertó en mí un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo. No pude más que sonreírle.
Mientras esperábamos la cena comenzamos a hablar. Pasado el primero momento de pavor por fin podía hablar con fluidez, y estaba siendo muy excitante. Poco a poco, aquella conversación fue subiendo de tono, como cuando hablábamos por teléfono. Me sentía cada vez más húmeda y sabía que también él estaba excitado. Era la misma respiración agitada que me devolvía el teléfono en nuestras noches de sexo en la distancia.
Me calcé el pie que desde hacía rato recorría su pierna para dirigirme al baño. Confiaba en que él viniera detrás de mí. Por suerte mi instinto no me falló.
Nos metimos en uno de los baños de mujeres mientras nos besábamos con impaciencia. Sus labios eran más suaves de lo que había imaginado. Estaba ansiosa por hacer realidad una de aquellas experiencias que durante tantas noches habíamos compartido.
Sin dejar de besarle y sintiendo sus manos sobre mis nalgas buscaba con prisa la cremallera de su pantalón. Rápidamente descubrí su pene completamente erecto. Me gustaba. Estaba deseosa por sentirlo dentro de mí.
Comencé a masturbarle lentamente. Su respiración se agitaba a cada movimiento de mi mano. Besaba mi cuello, mordía mi labio, y me susurraba al oído las veces que había imaginado aquella situación.
A cada palabra, a cada suspiro, a cada beso, mis ojos le pedían con más urgencia que me penetrara, hasta que al fin las palabras brotaron de mis labios. El sonrió, pero en sus ojos adiviné lo que estaba pensando. Todavía no era el momento. Debíamos llevar allí dentro más tiempo del que pensábamos y seguro que el personal del restaurante y nuestros vecinos de mesa comenzaban a notar nuestra ausencia.
Nos arreglamos la ropa, miré disimuladamente que no hubiera nadie fuera y le hice salir apresuradamente de aquel baño. Yo me quedé un poco más retocando mi pelo y mi maquillaje. Estaba completamente húmeda, necesitaba terminar lo que habíamos empezado hacia apenas unos minutos.
Salí despacio, disimulando mi excitación. Noté como todos los hombres del restaurante volvían la cabeza al verme pasar. Tal vez no disimulaba tan bien como creía.
Al llegar a la mesa vi que él ya había pedido la cuenta y me esperaba con el abrigo en la mano. Le sonreí. Cogí mi bolso mientras él me ofrecía su brazo para salir de allí. No pude resistir la tentación de un nuevo contacto con él. Acepté su ofrecimiento, cogí su brazo y salimos a la calle un busca de un taxi que nos llevara a mi casa. Quería jugar con la ventaja que me ofrecía mi propio campo.
Subimos en el taxi. Nunca descubrí si el calor que sentía provenía del propio taxi, o era producto de la calentura que llevaba desde la escena en el baño. Me giré hacia él y le besé. Instintivamente mi mano bajo hacia su entrepierna, y las suyas buscaron mi pecho.
Me rodeo con su brazo acercándome hacia él. Mi lengua seguía enroscándose a la suya como tratando de echar un pulso. Su mano, grande y huesuda, acariciaba mi pecho, provocando así la erección de mis pezones. Nuevamente sentía necesidad de él. Estábamos a punto de llegar a mi casa.
El taxi se detuvo frente a mi portal. Buscaba las llaves en mi bolso mientras él pagaba la carrera. La erección de él era visible, creo que ninguno pudimos esconder nuestra excitación.
El trayecto en el ascensor fue más corto que de costumbre. Su cuerpo me aprisionaba contra la pared, dejándome notar su pene contra mi cuerpo. Levantó mi falda mientras yo le bajaba la cremallera.
El ascensor se detuvo. Durante unos segundos tratamos de decidir si quedarnos allí o entrar en mi apartamento. Elegimos la segunda opción.
Me agarró fuerte por la espalda y besaba mi cuello mientras yo trataba de acertar con la llave en la cerradura. Sentirle tan cerca me excitaba más si cabe.
Entramos en casa. Todavía no había cerrado la puerta cuando me cogió en brazos y me echó contra el sofá.
Sus manos curiosas se paseaban por mi cuerpo. Los muslos, el vientre, los pechos, el cuello… sus largos dedos prestaban especial atención a mi ombligo, a mis pezones, a mis labios…
Mis manos le desabrochaban los botones de la camisa y mis piernas se enredaban por las suyas.
Le detuve. Le indiqué donde estaba la habitación, mientras yo iba a la cocina a buscar una botella de champagne y unas copas.
Al entrar lo encontré tumbado en la cama, con la camisa abierta, tal como se la había dejado yo, y ligeramente caía hacia atrás. No tenía un cuerpo excesivamente musculado, pero si lo bastante para dejar entrever unos abdominales bien trabajados.
Dejé la bebida en la mesilla de noche. Deslicé mi vestido que cayó al suelo dejando al descubierto el conjunto de lencería fina que había elegido para la ocasión.
Me arrodillé en la cama y poco a poco fui trepando por sus piernas hasta dejarlo preso de mi cuerpo. Ahora era yo quien besaba su boca, recorría su cuello con mis labios, mordía su oreja… Recorrí su torso con mi lengua, me detuve a jugar con su ombligo mientras desabrochaba su pantalón.
Metí la mano bajo su ropa interior. Su pene estaba duro y caliente. Me senté sobre él. Lentamente comencé a mover mis caderas provocando el roce de nuestros sexos aún separados por nuestra ropa interior.
Me puse en pie. Le quité el pantalón y la camisa, así estábamos en igualdad de condiciones.
Saqué del cajón de la mesilla un largo pañuelo de seda negra y le tapé los ojos. Nuevamente recorrí su cuerpo con mi boca. Esta vez me detuve en su pelvis. Bajé su boxer, acaricié su pene, besé su glande, bajé hasta los testículos, los lamí con cuidado y subí de nuevo haciendo todo el recorrido de su pene. Abrí la boca y traté de abarcar todo su miembro con ella. Hasta mis oídos llegaban sus gemidos y mi cuerpo se estremecía de tanta excitación.
Ya no pude aguantar más. Me levanté, y muy lentamente me despojé de la poca ropa que me quedaba. Él, que había aprovechado para quitarse el pañuelo, me miraba expectante mientras cuidadosamente se quitaba su boxer.
Me acerqué a él y me tumbé a su lado. Sus manos volvían a recorrer mi cuerpo y sus labios besaban ávidamente los míos. Se colocó sobre mí. Instintivamente abrí mis piernas y suavemente me penetró. Mis piernas alrededor de su cuerpo lo traían hacia mi una y otra vez. Mis labios dejaron de besarle únicamente para jadear de placer a cada embestida, que cada vez se hacían más intensas.
Ambos estábamos cerca de alcanzar el orgasmo. Aceleró el ritmo de la penetración, su respiración era cada vez más rápida y profunda, yo sentía como mi cuerpo se tensaba.
- Me voy a correr – Le susurré con la voz ronca por el placer.
Él sólo sonrió. Mordió mi labio, y dio una estocada fuerte y profunda. Nos corrimos a la vez. Su cuerpo y el mío quedaron inertes sobre las sábanas de mi cama, ambos cuerpos enredados. Era el momento perfecto para tomarse esa copa de champagne.


Última edición por Admin el Dom Abr 11, 2010 7:58 am, editado 1 vez

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peaxo relato

Mensaje  Vitto el Vie Abr 09, 2010 8:21 am

Muy bueno!! rapido de leer e intenso.

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Re: Primera Cita.

Mensaje  Admin el Vie Abr 09, 2010 8:44 am

Vitto escribió:Muy bueno!! rapido de leer e intenso.

Me alegro de que te haya gustado. La verdad es que no estaba muy segura de él cuando lo escribí...

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Re: Primera Cita.

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