Título: Mi cita con Paola - Autor: Sr. Brecha

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Título: Mi cita con Paola - Autor: Sr. Brecha

Mensaje  Admin el Miér Abr 07, 2010 11:23 am

No podía pensar que después de tanto tiempo por fin hubiese sucedido…
-¡Vale!
Tan solo un vale y ya esta, nada de titubeos ni interrogatorios, ni risitas, ni un me lo
pienso, me había tirado medio curso reuniendo el valor necesario para pedirle una cita a
Paola, y cuando por fin estoy delante de ella, tieso como si llevase una escoba metida
por el culo y con el temor de que se me tomasen a cachondeo toda su tropa de amigas,
ella va y me dice si, me escribe su dirección en la libreta de matemáticas y me dice que
el sábado por la tarde pase a recogerla a las cuatro.
Paola y yo somos compañeros de clase desde segundo de ESO, hasta ahora apenas
habíamos cruzado alguna que otra palabra, pero desde hace unos meses no puedo dejar
de fijarme en ella, supongo que es por su aspecto, distinto al de las otras chicas de clase,
que parece que compiten en un puto concurso de popularidad a ver quien cuelga la foto
con mas pinta de zorrón en el tuenti, Paola va a la suya, sin alardeos y no es porque sea
menos atractiva que las demás, hoy viste unos vaqueros blancos, y una camiseta de
Marilyn Monroe en negro, le mola el look emo, con sus muñequeras, su flequillo negro
y la raya en el ojo, aunque no le veo pinta de querer cortarse las venas cuando llegue
esta tarde a casa, me mira, me saca la lengua.
Me paso toda la mañana del sábado escogiendo que ponerme, estrategias a seguir para
romper el hielo y fantaseando con el final de la cita, si me besara, si es mas guarrona de
lo que me pienso o si será un puto desastre, al final me visto con lo primero que había
escogido, unos vaqueros y una camiseta de imitación de dolce & gabbana, perfecto,
ahora parezco un pijo, salgo corriendo, a lo tonto se me ha echado el tiempo encima.
Llego a casa de Paola, vive en el barrio de Salamanca, para los que no conozcáis
Valencia, antiguamente era un barrio rico, hoy allí quedan mas apariencias que otra
cosas, Llego a su portal, llamo, responde su madre al telefonillo, su voz me resulta
vagamente conocida pero no recuerdo porqué, me dice que Paola ha tenido que salir un
momento, pero que no me preocupe, que suba y la espere arriba.
Cuando subo descubro la razón de que la voz me resultase familiar, la madre de Paola
es Doña Brígida, mi profesora de quinto de primaria, hace por lo menos 4 años que no
la veía, es poco caballeroso decir la edad de una señora, pero teniendo en cuenta los
cuarenta y largos de doña Brígida, había que reconocer que muchas chicas de mi edad
podrían envidiarla, tenia una figura voluptuosa, que plantaba cara sin miramientos a las
leyes de la gravedad, ahora sé porque me atrae tanto Paola, tiene los mismos ojos que su
madre, capaces de atravesarte y con una expresividad que es capaz de desnudarte solo
con la mirada, contaban las malas lenguas que en el colegio doña Brígida había tenido
sus líos con algún que otro profesor, todos jovencitos, sustitutos que venían a cubrir las
frecuentes bajas por depresión, recuerdo que alguna vez nos habíamos quedado
castigados intencionadamente cuando le tocaba a ella quedarse con los chicos malos de
clase, siempre con blusas dejaba entrever el canalillo cuando te acercabas a su mesa a
preguntarle algo, yo me sentaba enfrente de ella, a una distancia prudencial, para verle
las bragas cuando llevaba falda, lo fuerte es que creo que se daba cuenta, pero cierto o
no, nunca me enteré.

-¿Eres tu Rober? ¡Que sorpresa!, ¡que mayor que estas! Me dijo sonriente desde el
quicio de la puerta. He mandado a Paola un momento al súper a comprar unas cosas que
me hacían falta, pasa pasa, ¿Cuántos años tienes ya?
-Diecisiete. Respondí avergonzado, Ella llevaba puesto tan solo un albornoz, no paraba
de hablar.
-Estaba duchándome. Dijo ella. Pensaba que eras mi hija y por eso he abierto, un
poquito más y me pillas aquí desnuda je je je.
-Si, eso me gustaría a mí. Pensé mientras me sentaba en el comedor, mire la decoración
de la casa, todo bastante moderno, con gusto, parecía más un piso de solteras que el de
una familia, por lo que tenia entendido Paola vivía sola con su madre, que se separó
cuando ella era pequeña, pero no tenia ni idea de quien era.
Desde el comedor veía el espejo de la entrada que a su vez me daba la imagen del cuarto
de baño, se podía ver furtivamente a Doña Brígida, que se ponía crema en la cara frente
al espejo.
-¿Así que estudias con Paola eh? Vaya sorpresa, ¿te castigan tanto como cuando ibas al
colegio o ya no eres un chico malo?
-Bueno, hago lo que puedo. Respondí mirándola a través del espejo sin que ella lo
advirtiese. Entonces ella desabrochó el albornoz y empezó a darse crema en los senos,
joder parecía aposta la posición de los espejos, me estaba poniendo malísimo y ella sin
darse ni cuenta, y lo mejor de todo es que su hija estaba a punto de entrar por la puerta,
flipas con el calentón con el que iba a ir a la cita.
En eso estaba yo pensando cuando ella descubrió que la miraba, trate de mirar hacia
otro lado, disimulando, pero tenia toda la pinta de haberse dado cuenta.
-¿Por qué no vienes y me ayudas con la crema en la espalda?
Ahora si que la habíamos liado, fui hacia el baño, ella se había vuelto a colocar el
albornoz.
-Mejor en el dormitorio, así me tumbo mientras me lo das, ¿hay confianza verdad?
Llegamos al dormitorio y se despojó de la bata, antes de que me pudiese dar cuenta ya
la tenía encima quitándome la camiseta,
-Te veo tenso, creo que voy a aliviarte un poco. Susurró a mi oído
-Trátame con cariño, es mi primera vez. Dije. Ella soltó una carcajada, preferí dejarlo
así y que pensase que solo estaba haciéndome el gracioso.
Lo bueno de hacer el amor con una mujer madura es que ella te tiene ganada la partida
en la cama, sabe donde ir, como tocar, y como hacer que te muevas, cabalgaba sobre mí
marcando su ritmo, jadeando sudando, saboreé sus pechos que desprendían un ligero
aroma a frambuesa, para después bajar hacia su sexo, depilado, como una niña, se dio la
vuelta me miro a cuatro patas con la mirada que ya conocía, la que dejaba bien claros
sus deseos y empecé a embestir por detrás, primero mas lento, luego más rápido, luego
un poquito mas despacio y poco a poco fui acelerando el ritmo….

-¡¡¡MAMA!!!

-Paola nos miraba desde la puerta de la habitación, roja como un tomate, con todo el
jaleo no habíamos oído las llaves, Brígida reía, yo no sabia como reaccionar y la cara
que ponía Paola si que era para hacerle una foto y subirla al tuenti.

Salí de la casa corriendo, creo que con el jaleo me dejé allí los calzoncillos, por detrás
de mi se oía a Paola gritándole histérica a su madre, que seguía con su ataque de risa y
que increpaba a su hija que por su culpa se había quedado a medias.

Y este es el motivo por el que la chica de la que estoy colgado en clase no me dirige la
palabra, algunos pensareis que malgasté mi oportunidad de salir con la chica que me
gustaba pero yo de aquella experiencia solo saco 2 conclusiones, que mereció la pena y
que desde entonces, miro a las maduritas con ojos diferentes.

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