Título: El libro - Autor: Oceanis

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Título: El libro - Autor: Oceanis

Mensaje  Admin el Miér Abr 07, 2010 11:30 am

Desperté y la tenía en la boca, la propia polla, el muy bruto intentaba metérmela
toda, de haberlo conseguido me hubiese desnucado o decapitado y de seguro hasta hoy
mi cabeza estaría colgando de su glande como un trofeo.
Aun no veía claro, ni despertado del todo, el Cuba libre había hecho estragos en
mi sistema. Pero me las pude arreglar para hacerle entender que estaba viva tomando las
riendas de la mamada.
Jodido hijo de puta la tenía enorme, siempre, desde escolar, me jacte con mis
amigas de que brindaba las mejores chupadas de la comarca, pero esta vez mis recursos
no estaban a la altura, de seguro con esfuerzo y paciencia me la podría meter toda sin
aplastarme los ovarios y si me aguantaba un empalamiento hasta podría darme por el
culo, pero meter todo eso en la boca no era nada realista.
El destino es un bastardo, justo el día que ocurre cada un billón de años donde
me topo con el que la tiene como un actor porno y no esta mintiendo, no tengo cerca ni
un lubricante, ni un pitillo alegre para dilatar y ni siquiera me encuentro en condiciones
depilatorias como para este encuentro.
En realidad lo importante no era el milagro a todos mis rezos que san expedito
había puesto en mis manos, sino que no tenia ni la mas pálida idea de cómo conseguir el
libro por el que me contrataron.
Hace unos días llego a mi oficina un mojigato, miren no se si era, pero debería
de serlo, yo me incline sobre el escritorio, ese día hacia calor por lo que tenia los
primeros tres botones de la camisa desprendidos, lo que provoca que al inclinarme se
me vieran las tetas, algo que el joven se esforzó para no ver. Intrigada me puse de pie y
camine a su alrededor para ver que actitud tomaba frente a mi desfile de atributos.
Soy una mujer atractiva, pelo oscuro, labios gorditos, buenas tetas, piernas
fornidas y una cola un poco caída pero de interesante volumen y consistencia. Digamos
que para mis treinta y tantos, bueno cuarenta y poquitos, y que mierda les importa la
edad a ustedes si después de unos tequilas no importa en que sonrisa vertical la metan.
La cosa es que no estoy mal, nada mal, hasta aseguraría que el chico que oficia de
secretario para mi me dedica algunas de sus pajas en sus desvelos nocturnos.
Así que al no ver que este tipejo no reaccionaba, para no parecer homo fóbica
asumí que era un mojigato y punto. Me senté y discutimos mis honorarios los cuales
eleve al ver que no tenía pinta de que el dinero fuese un problema y acepte el trabajo.
El tema era algo así, el primo de este hombrecito, que lamentablemente no es el
gigante que tiene su pene en mi boca, tiene un libro familiar, algo muy antiguo y de mas
valor sentimental que económico. Por cuestiones de herencia el libro le pertenece a mi
cliente pero su primo lo dio como desaparecido para no entregárselo.
Mi trabajo que en estos momentos se ve detenido porque dos manos fuertes y
ásperas me están arrancando la tanga para luego abrirme las piernas, es el de recuperar
el libro que legalmente no existe y entregárselo a mi cliente.
Pero eso quedara para más adelante. En estos momentos cuando una lengua
víbora sobre mi botoncito nervioso y un par de dedos inspeccionan mis entrañas, no
puedo pensar. El gorila que me lame, que no tengo ni idea de como se llama, hace un
fantástico trabajo, apoya su lengua por debajo, por los lados, por arriba de mi clítoris
mientras masajea mi punto G, una vida intentando enseñarle a mi marido, ex marido
donde podría encontrarlo y el infeliz nunca encontró la brújula que lo llevara hasta ahí.
Se puso en posición sobre mí y me prepare, al demonio con todas la gilipolleses
que dicen que el tamaño no importa, de seguro la mujer que lo apoya es porque nunca
tubo una cosa como esta dentro que le acariciara el estomago. Los movimientos al
principio eran suaves, la metía y la sacaba con delicadeza y por más que sacara medio
miembro fuera de mí yo estaba llena hasta a la tope, lubricada como si recién me
hubiesen aceitado. Pero si reventaba, reventaría feliz así que fui por más, cuando sintió
que me agarraba las nalgas para que se afirmara, me empezó a metrallar a una velocidad
equivalente al mach tres. Mis orgasmos se escaparon como si fuesen palomitas de pop-
corn de una olla destapada. Luego me dio vuelta y me puso en cuatro, temblé al sentir
que nunca dejaba de entrar, pero a los diez segundo estaba delirando y gritando como
una demente. Sin avisarme un volcán me estalló dentro, escurrió su semen sin
importarle si estaba dispuesta o no a compartir esa intimidad.
Bueno estuvo genial me dije mientras pensaba en la pastilla del día después, aun
estaba fértil y un crió en esta etapa de mi vida definitivamente era el fin de la misma.
Pero cuando quise acordar, me coloco de costado y su garrote que se negaba a perder la
firmeza, se metió hasta el tope haciendo que largara un alarido de puro gozo.
Después se masturbó en mis tetas un rato y le regale una mamada, mi vajina no
estaba acostumbrada a estos tratos por lo que necesitaba un descanso. Fue entonces
cuando vi en la mesa de cama la foto del primo de mi cliente y ahí recordé todo.
Llegue a eso de las nueve, converse con el cantinero, hasta que el tipo que
buscaba llego con este mastodonte que no se agotaba, me invite a su mesa con la
intención de llevármelo a la cama y si corría con suerte a los dos. Bebimos y reímos, el
tipo del libro era un flojito así que lo llevamos hasta su casa, esta casa donde estoy
desnuda con una verga sauria en mi boca. En su me duermo no me duermo, le saque la
información que necesitaba, el libro estaba en un baúl debajo de la cama, eso era
sencillo, no había complicaciones para llevármelo. Excepto su amigo al cual no pude
emborrachar como quería pero si en cambio conseguí una perdida de conocimiento.
El plan ahora cambiaba, mi finalidad, era agotar a este gigante y llevarme el
libro. La cuestión era que ¿como iba a hacerlo?
Por el momento me le subí arriba, era un poco incomodo tener eso adentro en
una posición de tanta profundidad, pero el gozo valía la pena. Al minuto cambiamos,
me puso boca abajo con las piernas separadas y ensalivó mi ano, dios quiso que pasara,
no fue mi organismo, y a que esa cosa al primer empuje se metiera sin resistencia, me
hizo una rectoscopia y no de las delicadas, me costaría sentarme bien una semana.
Por segunda vez sentí el calor que corrí a por mi ser, el tambo que tenía en los
testículos era insoportable, me había llenado la cavidad de nuevo.
-Dame cinco minutos- me dijo y se dedico a lamer mis labios, no los
horizontales.
El desgraciado me estaba llevando al séptimo cielo del placer, ya sentía un
escozor en los labios de tanto follar y mi clítoris a pesar de la suavidad de su lengua
comenzaba a dolerme. Si volvía a fornicarme a lo cavernícola como hasta ahora su
garrote me provocaría una pérdida de conocimiento, sería la pérdida de conocimiento
más placentera de la historia pero iba en contra de mis planes. Que difícil es
concentrarse mientras el orgasmo te eriza la espalda y cosquillea el culo.
Grite, vino como una ola, le empape la cara, a lo que sonrió satisfecho, los
espasmos me dejaron drogui, volví del mundo cuando me lleno nuevamente con su
carne, esta vez, costo un poco mas, ya que mi falta de humedad era mas por un
deshidratamiento que por calentura, de esa tenia para rato. Pero mi compañero de turno
lo solucionó, sacó su anaconda de mi interior y la escupió dejándola resbaladiza, luego
la hundió hasta una profundidad desconocida para mí hasta entonces.
Este hijo puta, no tenía intención de calmarse, de seguro se había aspirado medio
kilo de cocaína por eso la tenía tan dura, los planes de agotarlo no eran viables, menos
al ver que velocidad tomo cuando llevo mis piernas casi contra mi pecho y se apoyo en
mis muslos para hacer equilibro en la mete y saca.
El mejor día de mi vida arruinado por el trabajo, mire hacia la mesa de cama y
encontré lo necesario para dejar fuera de combate a mi amante. Era un pisa papeles, una
roca pulida y bien presentada con una chapa que rezaba “muro de Berlín”, joder, pensé,
el dueño de la casa no será el hijo de puta de la canción de Sabina.
Otro hormigueo me saco de mis pensamientos, el orgasmo mío y el de él estaban
a punto de golpearse, tome la roca. La velocidad aumento, sentía como su pija se
hinchaba en mi interior y como los huevos se retraían contra su cuerpo y dejaban de
golpetear mis nalgas.
Al primer disparo, grite y el también seguía eyaculando como un manantial,
mientras yo me escurría, él alzo la cabeza, mareado por la fuerza del orgasmo, era mi
oportunidad, lo golpee, en el blanco, nunca supo ni que le paso, cayo de lado por suerte,
si lo hubiese hecho hacia delante mi muerte por aplastamiento era segura.
Me vestí rápido y como pude, mi cuerpo estaba adormecido, debía aprovechar
antes de que comenzara a doler. Le escribí una nota, me sentía culpable, si el tío hubiese
sido un incapaz en la cama hasta lo habría matado, pero como no la culpa que se
transformaría en arrepentimiento me obligaron a excusarme.
Saque el baúl de debajo de la cama y ahí estaba el libro como me lo había
prometido el borracho que de seguro nadaba en su vomito en la sala. Lo guarde en el
bolso y me fui. No sin antes llevarme un par de fotos del macho cabrio que me había
follado es noche, tenía una reputación que mantener con las chicas y siempre tenía que
tener pruebas.
Al otro día llame al cliente, nos encontramos en un café, yo caminaba como si
fuese un veterano boxeador, de esos que no tuvieron mas que tres victorias en
quinientas peleas. Me dolía la entrepiernas, mis aductores estaban machucados, tenia
moretones en las nalgas, e irritada mi vajina y ano, pero sarna con gusto no pica.
Le entregue el libro, intercambiamos palabras me termino de pagar y cuando
comenzó con la historia de porque era importante ese libro me levante y me fui.
Necesitaba dormir, tomar un poco de ibuprofeno o algún sedante de equino con
wisky y dormirme en la tina hasta que el agua estuviese tan fría como para despertarme.
Pero eso no podría ser, al llegar a la oficina alguien me esperaba, si señores, el
mastodonte del kilo y medio entre las piernas me había encontrado, llevaba un chichón
importante en su lado izquierdo, pero no me miraba con enfado sino que sonreía.
-Hola – me dijo y entrego un papel, era en el que deje nota, lo yo había escrito
decía: “lamento lo sucedido, lo del golpe, es cuestión de trabajo, el resto fue fantástico”
el había agregado “no hay problema, espero que el trabajo no evite que sigamos
follando”. Sonreí ante el desparpajo de la contestación.
-¿Quieres pasar? – Le dije invitándole a mi despacho, él entro y yo llame al niño
que trabajaba para mí.- Escucha cancela las citas de hoy y mañana, cierra todo bien y
lárgate, mañana tienes el día libre.
Cerré la puerta, él ya estaba cómodo y se había quitado la ropa.
Yo lo imité, tenia que pedirle disculpas por el golpe y el mal rato se lo pagaría
con mi carne.

** Relatos publicados con el consentimiento de sus autores. Prohibida la reproducción total o parcial.

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