Título: Al otro lado - Autor: Poe

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Título: Al otro lado - Autor: Poe

Mensaje  Admin el Miér Abr 07, 2010 11:39 am

Aquella tarde llegó temprano a casa. No quería perderse ni un solo segundo de lo que
estaba a punto de ocurrir al otro lado de la pared de su dormitorio. Llevaba tanto tiempo
esperando que sucediera que creía estar a punto de vivir un sueño. Pero era real, muy real.
Nada de películas pornográficas. Nada de novelas baratas. Nada de fantasías que nunca se
cumplen y acaban convirtiéndose en frustraciones o trastos viejos en el baúl del olvido.
No. Todo iba a ocurrir allí mismo, a pocos metros de él. En el piso de al lado. En la
habitación que compartía pared con la suya. Real. Todo iba a ser real.
A las siete en punto, mientras esperaba impaciente sentado en su cama, Roberto escuchó
la puerta del vecino abrirse, y en tan sólo unos segundos ya estaba desnudo sobre la cama
en el mas absoluto silencio, preparado para escuchar. Junto a él, en la mesita de noche,
observando atenta con una sonrisa enigmática atrapada en el marco de una foto estaba
Edurne, su esposa. Roberto dio la vuelta a la foto y la imagen de su compañera quedó
mirando hacia la pared de la que pronto llegarían los sonidos que él esperaba con fervor.
Roberto cerro los ojos al escuchar un primer gemido suave. Un gemido débil, casi
imperceptible… Pero pronto la intensidad fue tan elevada que no pudo evitar
sorprenderse. Aquello superaba todo lo esperado. Aquellos dos no eran personas, eran
fieras, dioses de carne. Fuego hecho movimiento, fricción, besos, fluidos y sonidos de
pasión.
Gritaba como una loca, como un animal, como si nunca antes hubiera estado entre los
brazos de un hombre. Gritaba, gemía, respiraba con una intensidad que provoco que la
respiración de Roberto también se acelerara. Sentía como si estuviera allí con ellos,
observándoles, participando de su placer. Acercándose cada segundo a un éxtasis
irracional. Sentía como si pudiera tocar la piel de la mujer mientras miraba con
complicidad los ojos del hombre mientras la penetraba una y otra vez. En aquella
habitación eran tres y la pared que les separaba no existía. El corazón de Roberto había
comenzado a latir con tanta fuerza que parecía querer derrumbar el frágil muro que
separaba los dos dormitorios, las dos camas. El muro que las palabras atravesaban
provocadoras seguiría allí, pero no existía en la cabeza del joven. Solo las caricias existían.
Solo los gemidos tenían forma, consistencia, realidad.
Realidad… No podía creer que aquel sonido final hubiera ocurrido en realidad. Roberto
que no había tocado su propio cuerpo en ningún momento sintió como al calor y sudor de
cada centímetro de su piel se unía una sensación de humedad, igualmente calida, de sobra
conocida. Al otro lado, los dos individuos habían conseguido unos orgasmos brutales. A
este lado, Roberto también había conseguido el suyo.
2.
Un nuevo sonido entro en escena. La puerta del piso de Roberto se abrió de pronto y
segundos después, su mujer entraba en la habitación para encontrarlo desnudo sobre la
cama, con una cara de placer incontenible. Roberto sonrió. Edurne le devolvió la sonrisa y
comenzó a desnudarse, como poco antes había hecho él. Como poco antes habían hecho
todos…
Ahora sería él, Roberto, quien la haría gritar de placer. La haría gritar de placer como
nunca antes nadie la habría hecho gritar. Ni tan siquiera el vecino, cuando minutos antes la
había tenido entre sus brazos, mientras él escuchaba… al otro lado.

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