Título: Mis nuevos vecinos - Autor: Mogarés

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Título: Mis nuevos vecinos - Autor: Mogarés

Mensaje  Admin el Miér Abr 07, 2010 10:51 am

Hace seis meses se mudó a mi mismo rellano una familia que había venido a mi
ciudad porque el padre había recibido una importante oferta de trabajo que no podía
dejar escapar, como consecuencia su mujer y sus dos hijos también habían decidido
cambiar de aires.
Yo no soy chismoso y no le había dado importancia a la llegada de los nuevos
vecinos, la única información que tenía de ellos es lo que había oído comentar a mis
padres, pues vivía con ellos, pero no le había prestado mucho interés.
Hasta que un día, más o menos a la semana de haberse instalado, mientras yo
esperaba el ascensor, vi salir a una jovencita del piso de los nuevos vecinos, nos
saludamos con un tímido y cumplidor “hola” y ella bajó por las escaleras.
Yo me quedé un poco impactado, tan solo la había visto un instante pero me había
llamado la atención, al parecer sería como unos dos o tres años mas joven que yo, es
decir, unos 20 más o menos. Su estatura era mediana, como 1,60 o así, su pelo bastante
largo, liso y moreno y vestía con unos vaqueros y una camiseta blanca de manga corta.
Ni si quiera sabía si era la hija de los vecinos u otra persona, pero la verdad me abrió
el apetito de saber más sobre los vecinos, por ello, siempre que podía, cuando estaba en
casa y oía que el ascensor paraba en mi rellano, cuidadosamente miraba por la mirilla
para ver quien era, con el afán de volver a ver a esa muchacha. Pero siempre tenía mala
suerte y nunca era ella. Lo que hizo que mi obsesión por volver a verla fuera
disipándose según pasaban los días, su imagen ya se me había prácticamente borrado de
la mente y todo hacía pensar que esa chica no vivía ahí.
Hasta que un día, mientras comíamos, mi madre me comentó que había hablado con
la vecina y le había contado que tenia una hija de 19 años que se pasaba el día encerrada
en casa porque no conocía a nadie. Yo hice como que daba igual.
Aunque sabiendo de su existencia, me puse a pensar cómo podía hacer para
conocerla y poder enseñarle parte de la ciudad, ir a tomar algo, etc. en resumidas
cuentas, sacarla de casa y que le diera un poco el aire. Pero la verdad estaba
complicado, ya que si ella no salía, era difícil poder hablar con ella e ir a su casa no era
la mejor opción, decidí que dejar pasar unos días y ya se me ocurriría algo.
Un día, salía yo a hacer unas compras y abajo en el portal, llegaba la madre, a quien
si reconocí de haberla visto algún día por la mirilla de la puerta. La saludé con un
buenos días y me disponía a salir a la calle cuando ella me habló y tuve que detenerme:
- Perdona, ¿vives aquí?
- Sí, dije yo.
- ¿No serás el hijo de la señores que viven en el 4ª A, verdad?
- Pues sí, ¿le puedo ayudar en algo?
- Sí verás, soy la madre de la familia que se ha instalado en el 4ºB, hace unas
semanas, hablé con tu madre y le comenté que tengo una hija y que está bastante
triste porque aquí no conoce a nadie. Y me dijo que igual su hijo, es decir, tú, le
podías presentar gente. ¿Por qué no te pasas esta tarde por mi casa y así os
conocéis?
- Pues no lo sé, la verdad me da un poco de vergüenza.
- No te preocupes muchacho, a mi hija le va a hacer mucha ilusión tener a alguien
más o menos de su edad con quien compartir gustos y aficiones de adolescentes.
Por cierto, ¿como te llamas?
- Sergio, le respondí. De acuerdo, me pasaré a eso de las 5, nos presentamos,
hablamos un poco si procede y haber que pasa.
TÍTULO: MIS NUEVOS VECINOS AUTOR: MOGARÉS
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- Muchas gracias Sergio, se lo diré a mi hija para que esté preparada y no le pille
de sorpresa. Hasta la tarde.
- Hasta luego.
Yo estaba con un flan, no podía creerme haber aceptado ir.
Llegaron las 5 y accedí a cruzar el rellano y tocar el timbre de su puerta, me abrió la
madre y me dirigió hasta el salón donde se encontraba su hija sentada en el sofá con la
mirada un tanto perdida. Entramos y la madre le dijo que se levantara y viniera a
conocerme y así fue, me dijo que se llamaba Claudia, nos dimos dos besos y luego nos
sentamos cada uno en una punta del sofá. La madre salió un momento del salón y el
silencio se hizo dueño de la sala. Al momento volvió la madre con unas pastas y
empezó a hablar para romper el hielo e ir entablando conversación. Al cabo de media
hora, la situación ya era bastante diferente, los tres hablábamos, incluso nos mirábamos
a la cara y sonreíamos. Ya había un poco de confianza y nos habíamos desinhibido.
Entonces, en un alarde de valentía propuse a Claudia ir a tomar algo y dar un paseo por
la ciudad. Ella miró a su madre y ante el gesto que recibió, queriéndole decir, ¡vamos,
adelante! Ella aceptó y dijo que iba a cambiarse.
Yo me sentía bien por lo que estaba haciendo, y mejor porque Claudia me empezaba
a gustar, era más guapa de lo que había visto fugazmente aquel día y su simpatía y
sonrisa me producían escalofríos.
Dimos un paseo, le comenté alguna cosa de la ciudad y finalmente entramos en un
bar a tomar algo. Ahí terminamos de conocernos hablando de otras cosas diferentes a
las que habíamos dicho mientras estábamos con su madre. Entre cerveza y cerveza
empezaba a anochecer, por lo que gustosamente pagué lo que habíamos bebido y
volvimos para casa. Se empezaba ya el alcohol a subir a la cabeza y por ello todo lo que
decíamos nos producía risa y placer a la vez.
Llegamos al edificio y durante el trayecto del ascensor, ambos nos quedamos
mirando a los ojos, yo tenía unas ganas terribles de besarla y me daba a entender que
ella también, pero algo nos impedía inclinar las cabezas hacia el otro. Llegamos al 4º,
nos despedimos con un hasta luego y dijimos que había que repetirlo.
Esa noche no podía dormir, no podía quitármela de la cabeza, y tanto fantasear con
que aquella tarde podría llegar a algo más, me provocó una erección casi instantánea. Lo
que me dio aún más pie para masturbarme pensando en Claudia.
A la mañana siguiente, yo no tenía que trabajar, por lo que estaba sólo en casa. De
repente sonó el timbre, yo estaba en pijama y sin mirar por la mirilla, abrí la puerta
asomando la cabeza, intentando cubrir la mayor parte de mi pijama. Era Claudia, me
pidió si podía pasar, y sin apenas yo contestar, ella pasó.
- Sabía que tus padres no estaban, así que era buen momento para si tú estabas
sólo en casa hablar un poco de lo de ayer.
- Pues yo me divertí mucho y ¿tu?
- Sí, también, pero quería resolver una duda que me impidió dormirme hasta
tarde. ¿Sentiste ganas de besarme en el ascensor?
- Ehh, titubeé yo. ¿Por qué dices eso?
- Tus ojos relucían mas de lo normal y tu mirada no se despegaba de los míos.
Pero como no te decidiste, yo me quedé con las ganas de probar tus labios.
La valentía de Claudia en sus palabras hacía que algo reaccionara en el interior del
pantalón de mi pijama. Y sin mediar palabra, mis labios fueron a por los suyos,
fundiéndonos en un caliente y excitador beso.
- Anoche yo tampoco podía dormir pensando en ti. Acerté a decir.
Entonces ella exhibió una mueca de felicidad en su cara y volvió a besarme. Acto
seguido ambos íbamos entre besuqueos camino de mi habitación, y al entrar, ella me
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empujó tirándome sobre la cama boca arriba, dejándose ver la imponente tienda de
campaña que había en mi pantalón, la cual miró y sonrió. Se abalanzó sobre mí
besándome en primera instancia la boca y poco a poco descendiendo por mi cuello y
jugueteando con el lóbulo de oreja izquierda. Se incorporó y sentada sobre mi abdomen
se desprendió de la camiseta, dejando al descubierto que no llevaba sujetador y que
poseía unas muy bonitas tetas. Levanto mi chaqueta del pijama y comenzó a besarme,
chuparme y mordisquearme los pezones, lo cual me encantaba. Le pedí que si me lo
quitaba, y ella respondió que me quitara todo, que era lo que ella iba a hacer.
Desnudos ambos pude contemplar su rasurada vulva y su culo tan redondito y
apetecible de tocar y agarrar. Yo estaba sentado en la cama, ella se subió a la cama de
rodillas y por detrás de mí me abrazó y empezó a besarme el cuello, hasta que una mano
se deslizó hasta mi duro pene y comenzó a masturbarlo. Luego me giré de frente a ella
pude tocar sus tetas mientras la besaba de nuevo. Le pedí que se tumbara boca arriba y
procedí a besarla desde el cuello descendiendo por sus senos hasta llegar a su ombligo,
donde volví a ascender con mis besos, durante esa ascensión fue mi primer contacto con
una mano en su caliente y mojada rajita. Volví a jugar con mi lengua en sus pezones y
de nuevo para abajo, esta vez si que llegué hasta su sexo y pude saborear sus jugos, lo
que la excitó bastante y rápidamente mi pidió un 69. Me tumbé en la cama y ella apoyó
su abierta vagina en mi boca a la vez que agarraba con las manos mi miembro y se lo
introducía en al boca. Yo estaba recibiendo mucho placer y por ello me propuse intentar
dárselo a ello también. Un rato succionando su clítoris y otro pasando mi lengua por
toda la raja, lamiendo los jugos que segregaba y volviéndole a mojar toda la zona, luego
pasé a introducir mi lengua en su vagina y desde esta posición podía ver su ano, el cual
me lleno de intriga y lleve un dedo a jugar con él sin llegar a introducirlo. Ella se
sobresaltó un poco pero pronto se volvió a relajar. Entonces fue cuando llevé mi lengua
hasta su estrecho agujerito. Unos segundo después ella dejo de chuparmela y se giró
tumbándose encima de mí. Y acercándose a mi oído me susurró, ponte un preservativo
y terminemos con esto, estoy cachondísima. Estiré la mano hacia la mesilla, cogí la caja
que ahí guardaba, saque uno y me lo puse. Me dijo que prefería arriba, sólo había tenido
dos relaciones más y todavía le dolía algo, por lo que quería controlar. La introdujo
despacio y una vez toda a dentro empezó a moverse lentamente, con cara entre dolor y
placer. Pronto su caliente agujero se adaptó a mi pene y ella gemía tímidamente
mientras yo ahogaba mis gemidos como podía. Paró para respirar y me pidió que
cambiáramos de posición, le dejé elegir y dijo que quería probar la postura del perrito,
que le habían dicho que era placentera y no había probado. Se colocó a cuatro patas
como le indiqué, me puse detrás de ella y poco a poco mi aparato iba desapareciendo
dentro de ella. Cuanto más bombeaba, su respiración iba en aumento, por lo que llevé
mi mano a su clítoris para estimularlo al mismo tiempo. Ella se retorcía de placer y eso
me excitaba más, no podía ocultar sus sollozos de placer y yo estaba a puntito de
correrme, así que aceleré ambos movimientos y entre gemidos que ya se dejaban oír
considerablemente expulsé mi semen y poco a poco mi miembro fue perdiendo firmeza
hasta que paré y la saqué. Ella se giró muy sonriente y se abalanzó sobre mi besándome,
me aseguró que había disfrutado como nunca y que nuestros encuentros no podían dejar
de hacerse.
Se acercaba la una del mediodía y mi madre llegaría de un momento a otro, nos
vestimos y nos despedimos entre besuqueos satisfechos de lo que acababa de ocurrir.
Empezamos a quedar a escondidas cuando alguno de los dos estaba sólo en casa
hasta que ambos decidimos formalizar la relación. Hoy llevamos casi tres años saliendo
y vivimos juntos.

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